¿Cómo tener un rostro juvenil sin recurrir a cirugías estéticas?

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Mantener una apariencia juvenil sin somenterse a cirugías faciales, es factible si se incorporan ciertos hábitos saludables en la vida diaria, como el cuidado adecuado de la piel, una dieta equilibrada, la realización constante de ejercicio físico y un manejo adecuado del estrés. Además, la buena hidratación y un descanso reparador también son esenciales para lograr este objetivo.

Limpia regularmente tu piel

Para eliminar impurezas, debes limpiar tu piel al menos dos veces al día (por la mañana, por la noche y después de sudar intensamente). Antes de tocar tu rostro, asegúrate de tener las manos limpias para evitar transferir bacterias y suciedad a tu piel.

Para evitar irritaciones, usa un limpiador con ingredientes suaves y sin fragancia, y que sea adecuado para tu tipo de piel, ya sea seca, grasa, mixta o sensible. Los limpiadores en gel son ideales para piel grasa, mientras que las cremas limpiadoras son mejores para piel seca.

Exfolia tu piel de una a dos veces por semana para eliminar las células muertas y mantener los poros limpios, pero no exageres para evitar irritaciones. Si usas maquillaje, considera un desmaquillante específico para ojos y labios, así evitas la acumulación de productos en estas áreas sensibles.

Pasos a seguir para una buena limpieza de la piel:

  1. Moja tu rostro con agua tibia para abrir los poros y facilitar una limpieza más profunda. Evita el agua caliente, ya que puede resecar y dañar la piel.
  2. Coloca una pequeña cantidad de limpiador en tus manos y aplícalo en tu rostro, masajeándolo con movimientos circulares durante un minuto, aproximadamente. Presta atención a las áreas propensas a acumular suciedad, como la frente, la nariz y el mentón.
  3. Enjuaga tu rostro con agua tibia hasta que no quede ningún residuo de limpiador, pues esto podría obstruir tus poros y causarte irritación.
  4. Usa una toalla suave y limpia para secar tu rostro con ligeros toques, evitando frotar.
  5. Al finalizar, puedes aplicar un tónico para ayudar a equilibrar el pH de la piel y prepararla para la hidratación. Los tónicos también cierran los poros y eliminan cualquier resto de limpiador.

Nutre y protege tu piel

Aplica una crema hidratante que se adecúe a tu tipo de piel. Si es primera vez que vas a usar una crema, haz una prueba de parche para evitar reacciones adversas. La constancia y consistencia en la aplicación regular de la crema, es clave para mantener la piel saludable.

Además de las cremas hidratantes, es importante que te apliques protector solar diariamente para protegerte de los daños causados por los rayos UV. Busca aquellos protectores que incorporan productos con antioxidantes, como la vitamina C y E, que ayudan a combatir los radicales libres.

Piel seca

La piel seca tiende a verse opaca y presentar descamación, y la persona suele sentir tirantez. Si esta es tu tipo de piel, usa cremas que contengan ácido hialurónico, glicerina, ceramidas, manteca de karité y aceites naturales.

Piel grasa

Esta tiende a brillar, tiene poros visibles y es propensa al acné. Si es tu caso, aplícate cremas con ácido salicílico, niacinamida, ingredientes no comedogénicos y ácido hialurónico.

Piel mixta

Algunas personas tienen piel mixta. Esto quiere decir que la zona T (frente, nariz y barbilla) es grasa, mientras que las mejillas son secas o normales. Si tu rostro tiene esas características, usa cremas que contengan niacinamida, ácido hialurónico y productos equilibrantes.

Piel sensible

Si tu piel es propensa a irritaciones, enrojecimientos y reacciones alérgicas, aplícate cremas con aloe vera, avena coloidal y agua termal. También son recomendables productos hipoalergénicos y sin fragancia.

Piel normal

Si gozas de una piel normal y equilibrada, es decir, ni muy seca ni muy grasa y con poros pequeños, usa cremas con hidratantes ligeros e ingredientes antioxidantes.

Mantén una dieta saludable

Mantener una dieta variada, equilibrada y rica en nutrientes, junto con una buena hidratación, es fundamental para conservar la piel sana, radiante y joven. Por ello, es importante incorporar como hábito el consumo de frutas y verduras, proteínas magras, grasas saludables, fibras, vitaminas, minerales y alimentos con probióticos.

Por su parte, evitar la ingesta de alimentos procesados, altos en azúcares refinados y grasas trans, es de suma importancia, ya que contribuyen al envejecimiento prematuro de la piel y a problemas como el acné.

Las frutas y verduras, como bayas, espinacas y zanahorias son recomendables porque contienen antioxidantes, mientras que las proteínas magras, como pollo, pavo, tofu y pescado, son fundamentales para la reparación y regeneración de los tejidos de la piel.

Las grasas saludables son esenciales para mantener la flexibilidad e hidratación de la piel. Por eso es importante consumir alimentos ricos en omega-3 y omega-6, como el salmón, la caballa, las nueces, el aceite de oliva, las semillas de chía y linaza, que ayudan a mantener la piel flexible y radiante.

Una dieta rica en fibra ayuda a mantener el sistema digestivo saludable, lo cual se refleja en una piel más clara y radiante. Esto lo obtienes al consumir avena, frutas, verduras, legumbres y granos enteros.

La vitamina C, presente en naranjas, fresas, pimientos y brócoli, ayuda en la producción de colágeno, y protege la piel contra los daños solares. La vitamina E, contenida en almendras, aguacate y aceite de girasol, actúa como antioxidante.

El zinc, que se encuentra en la carne de res, garbanzos y semillas de calabaza, ayuda en la reparación de la piel y en la producción de nuevas células. Por su parte, el selenio, contenido en nueces del Brasil, huevos y mariscos, protege del daño causado por los radicales libres.

Los probióticos presentes en los alimentos fermentados, mejoran la salud intestinal y, por ende, la salud de la piel. Estos se encuentran en el yogur, kéfir, chucrut, y kimchi.

Beber suficiente agua diariamente, mantiene la piel hidratada y saludable. Por ello, es recomendable beber al menos 8 vasos al día. También, las infusiones y el té verde aportan antioxidantes que ayudan a mantener la piel hidratada.

Haz ejercicio de forma regular

El ejercicio regular mejora la circulación sanguínea, lo que ayuda a mantener la piel más saludable y con un brillo natural. Además, ayuda a reducir el estrés, que puede contribuir al envejecimiento prematuro de la piel.

Ejercicios aeróbicos, como correr, nadar, andar en bicicleta o bailar, mejoran la circulación sanguínea, ayudando a nutrir y oxigenar las células de la piel. También contribuyen con la eliminación de toxinas a través del sudor, y pueden reducir la aparición de acné y otros problemas cutáneos relacionados con la mala circulación.

El levantamiento de pesas o el entrenamiento con resistencia no solo tonifica los músculos, sino que también mejora la circulación y ayuda a mantener el equilibrio hormonal, aumentando la producción de colágeno y reduciendo los niveles de cortisol, lo que mejora la elasticidad y firmeza de la piel.

Ejercicios de respiración, meditación y posturas, como Yoga y Pilates, mejoran la flexibilidad, el equilibrio y la circulación, además de contribuir con la desintoxicación del cuerpo. Estas disciplinas también ayudan a reducir el estrés y mantener un equilibrio hormonal saludable.

Por su parte, la natación es otro ejercicio que puede resultar muy beneficioso, ya que mejora la circulación y tonifica los músculos sin impacto en las articulaciones. Además, el contacto con el agua tiene un efecto refrescante y calmante en la piel.

Es importante beber suficiente agua antes, durante y después del ejercicio para mantener la piel hidratada; usar protector solar para proteger la piel de los daños causados por los rayos UV durante los ejercicios al aire libre, y limpiar la piel adecuadamente después del ejercicio para eliminar el sudor y evitar obstrucciones en los poros.

Descansa y cambia tu estilo de vida

No fumes, ya que el tabaco contribuye al envejecimiento prematuro de la piel, y modera el consumo de alcohol, ya que ingerirlo en exceso puede deshidratar la piel y causar inflamación.

Descansa, pues durante el sueño, el cuerpo repara y regenera las células, incluidas las de la piel. Dormir bien ayuda a reducir las ojeras y las bolsas debajo de los ojos, contribuyendo a una apariencia más juvenil.

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